Testigos

Testigos

Esa cólera secreta que atisba en discreta luz

ese silencio, amigo mutuo de cafés,

ese caminar de musgo y hiedra

esa oreja codiciosa que no filtra amor.

Esos ojos sin párpados estáticos de tu alma

ese absorber sin contener y beber sin hidratar

ese derramamiento en bondad y nobleza

que te hace seguir sola con tu humo

y abundante soledad acompañada.

Esa inspiración de aire que te inunda,

y que en la noche es una exhalación lánguida

de tus libros y tristeza

con la pregunta doliente y permanente

de tu propia carne ofrecida

como pago a tu sacrificio.

Para ya al dolor contigo

aunque el mundo se desconcierte.

Es el mundo tu refugio y tú

su permanente dolor silente.

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